Si uno se dejara llevar por los instintos primarios, se pondría a aplaudir viendo cómo arde Eibar por sus cuatro costados.
"La maté porque era mía", se habrán ido diciendo los incendiarios. Tienen razón: socialmente era roja; urbanísticamente era inmunda. ¡Toda suya! O casi toda. Porque es que si queda alguna piedra en buen estado, habrá que emplearla en levantar un monumento a los pocos eibarreses nuestros, que aún queden vivos. Lo merece bien su fortaleza de alma, puesto que pudieron resistir heróicamente durante muchos años la áspera convivencia con esas fieras que huyeron. Muy grande tenía que ser su fe y muy arraigados sus principios, cuando no se disolvieron en aquel ambiente corrosivo de marxismo y separatismo. Y muy extremado era, sin duda algunas, su valor, ya que arriesgaban todos los días vida y hacienda, con solo vivir entre foragidos conscientes.
Aplaudiría uno de buena gana al ver cómo queda la ciudad roja reducida a cenizas. Pero uno no es completamente feroz. Las fier
Si uno se dejara llevar por los instintos primarios, se pondría a aplaudir viendo cómo arde Eibar por sus cuatro costados.
"La maté porque era mía", se habrán ido diciendo los incendiarios. Tienen razón: socialmente era roja; urbanísticamente era inmunda. ¡Toda suya! O casi toda. Porque es que si queda alguna piedra en buen estado, habrá que emplearla en levantar un monumento a los pocos eibarreses nuestros, que aún queden vivos. Lo merece bien su fortaleza de alma, puesto que pudieron resistir heróicamente durante muchos años la áspera convivencia con esas fieras que huyeron. Muy grande tenía que ser su fe y muy arraigados sus principios, cuando no se disolvieron en aquel ambiente corrosivo de marxismo y separatismo. Y muy extremado era, sin duda algunas, su valor, ya que arriesgaban todos los días vida y hacienda, con solo vivir entre foragidos conscientes.
Aplaudiría uno de buena gana al ver cómo queda la ciudad roja reducida a cenizas. Pero uno no es completamente feroz. Las fier
2012-04-25 15:28